Arequipa Historia y Tradición
La Ciudad Antigua
La Leyenda Ariquepay
Variada es la etimología de la ciudad de Arequipa no pudiéndose afirmar categóricamente cual es la verdadera. Algunos dicen que proviene de las palabra ARE--sonora y QUIPA--trompeta--, lo que quiere decir: "trompeta sonora". Otros sostienen que viene del aymara ASI--punta o filo--y QUIPA, que significa "detrás", siendo entonces la región que queda detrás de la punta del monte. Pero la más aceptada es la que consagra la leyenda que dice que Mayta Cápac al regresar de la conquista de Chumbivilcas y Parinacohas, contestó a algunos de sus capitanes que acompañaban y que deseaban quedarse en la comarca atraído por sus hermosos parajes, con la frase ARIQUEPAY que en quechua significa "Sí, quedaos".
Indudablemente que el principal atractivo del Departamento de Arequipa es la señorial ciudad de Arequipa misma, la proverbial "Ciudad Blanca" cuyos templos y palacios fueron levantados con la "piedra sillar" piedra blanca y volcánica cuyas canteras rodean a la urbe.
Por eso, la "Ciudad Blanca" es, efectivamente, blanca, pero de una blancura muy especial, que inclusive llega a ser sutil en ciertos sectores donde predominan otros colores. Pero el hecho es que impone, más que la sensación, la idea de blancura.
Pero Arequipa no es sólo una de las ciudades peruanas que mejor guarda las reliquias de su brillante pasado, sino que es también una gran urbe moderna, una ciudad en expansión, con todos los servicios de primera categoría. Es, además, principal cruce ferroviario del Sur, entronque de todos los caminos, núcleo vital del Sur del Perú.
No es solamente atractiva por su belleza, por sus reliquias, por las comodidades que ofrece al turista y por las ventajas económicas de su acelerado desarrollo, sino porque es un sitio agradable para vivir.
Tiene más de 300 días de sol al año en un límpido "cielo azul" que también le ha dado fama, con temperaturas que no suben de los 25° C ni bajan de 10° C, con viento suave y humedad mínima.
Arequipa está esperando al viajero, como dijera Víctor Andrés Belaúnde, "un oasis entre el desierto y la montaña, un campo verde de todos los matices entre el bermejo austero del desierto y el misterioso violeta de sus cerros gigantes". |