SEGUNDA PARTE:
LOS DUENDES AREQUIPEÑOS
Son los duendes, según afirman nuestras leyendas arequipeñas, pequeños muchachitos resplandecientes o simples niños de menudas proporciones que son invisibles para el adulto impuro; pero visibles para los niños puros o para los animales, que son ingenuos” Otras veces son: viejos, barbados y pequeños que se pasan todas las horas de las que disponen -que son las más-, divirtiéndose con los humanos, a quienes les hacen toda clase de bromas, de las buenas y de las otras. En el primer caso se les ve haciendo piruetas y molinetes circenses, saltos mortales en el aire, delicias de atrapabolas y riéndose a grandes carcajadas. Se esconden bajo las camas, entre las alacenas, tras los muebles más pesados, en las junturas de las puertas, en los callejones oscuros; sustraen las llaves de los candados y los arrojan entre la hierba, anudan las piernas de los pantalones y en algunas oportunidades tocan una flauta o un tamborcillo que, como en el caso de las sirenas, atrapan la voluntad de la gente, dejándose llevar con su magia hasta sus dominios. Cuidan tesoros ocultos por siglos y saben bien dónde encontrar oro. En el segundo caso, son entidades malignas y peligrosas que causan terror a quienes los ven, y a veces hasta la muerte; esto sucede cuando de forma invisible se pegan a nuestras espaldas y no hay luego como desprenderse de ellos, lo que conlleva inevitablemente al fatal desenlace.
Se dice del origen de los duendes que son el de aquellos niños que murieron sin ser bautizados o que son fruto del pecado de sus padres que arrojaron sus fetos a los ríos; los de esta clase son los que moran bajo los manantiales o detrás de las cascadas. Asimismo, se afirma que las mujeres que tienen relaciones sexuales fuera del matrimonio y que no dan a luz, orinan duendes. Se dice también que vinieron escondidos dentro de las alforjas de los conquistadores españoles. Adormecen a los hombres soplándoles en el rostro o, al contrario, los reaniman con el mismo acto. Se afirma que sus excrementos son de color amarillo y que cuando caen los primeros rayos del sol se volatilizan. A veces imitan el llanto de los bebés y se les confunde con ellos.
Existen algunas formas de deshacernos de estas maléficas presencias: una es pellizcando la oreja de un niño; esto hace el efecto de que cuando el duende oye el llanto de la criatura, huye o desaparece instantáneamente. Otra forma de prevenir que los niños fallecidos sin el sacramento del bautizo se conviertan en duendes, es la de hacer una señal de la cruz con agua bendita y luego enterrar junto al pequeño, una cruz también bendecida.
AREQUIPA Y SUS HISTORIAS DE APARECIDOS.
Al parecer, las leyendas de fantasmas en nuestra ciudad, de algún modo parecen relacionarse más con el sexo femenino, ya que entre las tradiciones arequipeñas se cuentan historias como las siguientes:
LA APARECIDA DE LA CALLE SAN PEDRO
Tartufo Murillo es el protagonista de esta leyenda, quien al recogerse tarde a su casa y discurriendo por la calle San Pedro, observa en medio de la gran oscuridad, a una elegante dama, vestida toda de blanco y que se dirige a su encuentro. Don Tartufo se emociona, por lo que puede resultar un romance inesperado, sin embargo cuando los dos personajes se encuentran uno muy cerca del otro, la mujer empieza a elevarse por los aires; se trata de un alma del más allá. Don Tartufo Murillo, empalidece, moja sus pantalones y se escurre, como mejor puede, por la primera puerta entreabierta que encuentra; y una vez dentro de una oscura habitación, escucha una voz cavernosa que le dice: ¡Oh, desdichado mortal, deja que redima mis pecados; no perturbes el descanso de los que han muerto!
Nuestro espantado protagonista, al escuchar esto, cae desmayado al piso.
Al parecer, y según cuentan, el alma en pena pertenecía a la que en vida fue una monjita libertina del convento de Santa Rosa.
LA FANTASMA ATERRADORA
Desde 1830, los habitantes de la ciudad estaban espantados por la presencia de una fantasma que, desde las ocho de la noche –en una época en la que el alumbrado público consistía en algunas velas, colocadas en las entradas de las viviendas-, recorría las calles haciendo sonar sus cadenas. Se trataba de un alma descomunal, vestida con una túnica negra y enorme cucurucho, que la hacía ver aún más aterradora.
El prefecto de aquel entonces, un caballero escéptico en el tema de los espíritus, apellidado La Fuente, ordenó fuera puesta una patrulla nocturna por las calles donde se sabía hacía su aparición la fantasma. En la primera incursión de la patrulla, ésta tuvo la desdicha, de encontrarse cara a cara con la descomunal mujer, quien con poco esfuerzo hizo huir, despavoridos, a los cuatro hombres que conformaban el grupo. Una vez enterado el prefecto del vergonzoso hecho, decidió acudir él mismo, acompañado de un edecán que no conocía el miedo, para capturar a la fantasma que merodeaba por el hospital de San Juan de Dios. Cuando los dos hombres se toparon frente a frente con el descomunal ser –la que esta vez, movía de lado a lado sus herrumbrosas cadenas-, no cedieron ni un paso en sus intentos de capturar al alma en pena que tenían por delante, al contrario, avanzaron decididos a atraparla, y de pronto notaron como, la supuesta fantasma, pasó de agresora a víctima, y empezó a huir con destino al depósito de cadáveres del ya citado hospital, donde finalmente fue descubierta, oculta en la oscuridad del lugar.
Sucedió que se trataba de una dama distinguida que se había hecho pasar por fantasma, pues había sido burlada por un fulano, a quien esperaba por las calles por donde éste último transitaba todas las noches, con el propósito de matarlo; y lograr así su venganza. Para que nadie supiera su identidad, se le había ocurrido lo de hacerse pasar por fantasma.
LA LLORONA
Se cuenta que la “Llorona” fue una mujer que perdió a sus hijos y, en su terrible sufrimiento, le echó la culpa de esta desgracia a Dios; suicidándose luego. La tradición cuenta que por las noches salía a recorrer las calles y los caminos en busca de sus hijos, y se le escuchaba gritar mientras lloraba: ¡Ay, mis hijoooooos! Los que le han visto cuentan que está vestida con túnica blanca, a veces raída y sucia, y su rostro es el de una mujer hermosa y otras tantas, el de un cadáver. Se afirma que el escuchar su llanto es presagio de enfermedades, desgracias y de muerte. Sólo la cruz la intimida o la hace retroceder. Muchas veces se presenta en los bordes de las carreteras, donde espera que algún auto se detenga para llevarla. Hay conductores que se han negado a recogerla e incluso han traspasado con su vehículo su brumosa imagen; pero quienes, sin sospechar nada malo, han tenido la desdicha de recogerla, han escuchado palabras de ella como: ¡En esta curva me estrellé! ¡Aquí encontré la muerte! Y repentinamente la mujer desaparece.
LA NOVIA SIN CABEZA
Dice la leyenda que una dama distinguida que se iba a casar, cruzó la calle con destino a la iglesia de Cayma, cuando de pronto una carreta la arrolló y su cabeza, decapitada en el acto, salió rodando hacia la entrada del lugar santo. De ella, que tuvo la desdicha de morir antes de haber llegado al altar, se dice que vaga por las noches en los alrededores de la plaza de Cayma y siempre se la ve con su vestido blanco y manchado de sangre, sosteniendo su cabeza con una mano y llorando su desdicha. Afirman que los perros enloquecen cuando la oyen gemir. En estos últimos aspectos, su historia, tiene cierta similitud con la leyenda de la llorona.
Así que si usted, regresa a su casa por una calle solitaria, a altas horas de la noche, y por el camino observa la silueta de una extraña mujer de vestimentas antiguas, que se le acerca misteriosamente, mejor convendría cambiar de rumbo y alejarse lo más aprisa posible del lugar, y no recurrir a sus dones de Don Juan; no vaya a ser que las almas del más allá le quieran jugar una mala pasada.
ENIGMAS EN LA CALLE SAN FRANCISCO
En la última cuadra de la calle San Francisco, la que da a la plaza del mismo nombre, muchas personas que trabajan en locales comerciales, restaurantes y otros, afirman que el sector es sumamente pesado; es decir, que hay una suerte de fenómenos extraños como “poltergeist” (desplazamiento de objetos por sí solos) y apariciones (materialización de entidades fantasmales). Entre algunas historias raras se cuentan la de haber encontrado dentro de uno de los conocidos restaurantes, un círculo de cuchillos clavados sobre una meza. Puertas que se cierran por sí solas y que propician tremendos sustos a trabajadores que muchas veces quedan encerrados en reducidos habitáculos. Hay quienes también dicen haber visto la figura de un niño con vestiduras antiguas que se pasea por algún local de baile plagado de cientos de jóvenes, que apenas si se cuestionan de quién se trata. De dicho niño se cuenta que murió accidentalmente dentro de aquella casa y que se le ve ascender por escaleras que hoy ya no existen, o traspasar paredes sin que nadie pueda detenerlo.
Cuando estuvimos indagando un poco sobre las múltiples historias que en dicha cuadra se cuentan, hubo más de uno que nos miró con recelo y no quiso confiarnos lo que había visto o vivido al respecto; sin embargo, creemos que tales manifestaciones sobrenaturales le dan la nota de romanticismo a la cuadra franciscana y, quién sabe, hasta en un futuro próximo podría convertirse en una atracción turística y en una de las tantas leyendas que sobre Arequipa se cuentan.
EL TUTURUTU: ¿UN ARCÁNGEL OLVIDADO?
Ventura Travada y Córdova, en su libro: "El suelo de Arequipa convertido en cielo" (1752), detalla de forma pormenorizada como está dispuesta la pileta que se halla en la Plaza Mayor de Arequipa, y entre otros detalles describe: "Corónala un ángel por fama por cuyo buque se eleva el agua en un altísimo penacho...". Supuestamente el autor está hablando del famoso Tuturutu, pero nuestro personaje de la Plaza de Armas no posee alas, para ser considerado un ángel o un arcángel. Se sabe también que la pila fue desmontada en 1907 y el Tuturutu guardado por mucho años (hasta 1920) en un patio al interior de lo que en ese entonces era la cárcel y que hoy se conoce como el Fundo El Fierro; por lo que se afirma, graciosamente, que el Tuturutu estuvo preso.
Cabrían dos hipótesis para tratar de explicar el asunto. La primera que el ángel del cual habla Ventura Travada y Córdova no es el mismo que la estatuilla de bronce que hoy corona la pila de nuestra Plaza de Armas. La segunda sería que en algún momento el Tuturutu perdió las alas y esto no pudo suceder cuando fue desmontado, pues se conservan hoy fotos de 1850 donde se le ve en el mismo estado que hoy.
Si observamos detenidamente el Tuturutu, podemos ver que éste lleva puesto un yelmo, con un corto penacho; una mediana cabellera sobresale por la espalda y una armadura sobre el cuerpo que posee una figura circular a la altura del pecho, luego una especie de calzón o falda corta y plegada al estilo de los conquistadores españoles, y por último, un par de botas, una de éstas algo deformada: la de la pierna izquierda. Si observamos los arcángeles dibujados en los cuadros de la escuela Cuzqueña, podremos identificar algunos que tienen un alto parecido a nuestro Tuturutu, incluso algunos tocan sus trompetas; igualmente, en la parte superior del órgano que está al interior de La Catedral, puede observarse dos ángeles que portan sendas trompetas. El posible arcángel que nos ocupa era conocido antiguamente como Raguel y fue destituido de su categoría por un Papa en el 745 d.C, por considerársele un demonio vestido de arcángel. De dicho personaje se lee en un manuscrito apócrifo (Revelación de Juan) lo siguiente: "Entonces Él enviará al Ángel Raguel diciendo: haz sonar la trompeta por los Ángeles del frío, la nieve y el hielo, y calma toda clase de ira en quienes se alzan a la izquierda". Como sabemos el personaje que nos ocupa está ubicado mirando hacia la Municipalidad de Arequipa y, por tanto, su izquierda son los Portales de Flores, donde siempre hubo comerciantes. Esto al parecer no nos dice mucho, pero se me ocurrió que quizás el Tuturutu no había estado ubicado siempre mirando hacia la misma dirección. Fue así que revisando algunos dibujos antiguos de la Catedral de Arequipa y su entorno, descubrí uno realizado por E. Riou, un francés que estuvo en Arequipa a mediados del siglo XIX, y que estaba acompañado por otro extranjero, algo más conocido, llamado Paul Marcoy, Conde de San Cricq, quien nos dejó relatadas sus experiencias cuando estuvo en Arequipa. En dicho dibujo se observa claramente que sobre la pila se halla un personaje que aparenta ser un ángel sin alas; lo interesante de este grabado es que se ve que el supuesto Tuturutu está mirando hacia la Catedral, por tanto, su izquierda es hacia los Portales de San Agustín, o mejor interpretado, a los terrenos pertenecientes a la orden Agustina. Como sabemos fue el obispo Don Juan Cavero y Toledo, hijo de Don Alvaro C y T (jesuita), quien donó e hizo colocar en el año 1735 el Tuturutu o supuesto arcángel Raguel en el centro de la Plaza, autoridad eclesiástica que al parecer debió tener ciertas desavenencias con la Orden agustina. Si lo anterior es cierto, es claro entonces el porqué y el significado de que dicho arcángel fuera ubicado, inicialmente, en ese lugar y en tal posición.
Sin embargo, no sólo el documento escrito por Ventura Travada y Córdova es el único que nos da ciertas luces sobre lo que representaba el Tuturutu realmente. Pasamos a reproducir parte de un artículo publicado en la revista Caretas de Lima y que dice:
“La restauración de la Pileta de la Plaza de Armas (o Mayor) de Lima marchaba sobre ruedas pero una extraña aprehensión rondaba al arquitecto Jorge Orrego Vargas, encargado de la obra. De pronto, cuando estaba trepado en la pileta se hizo la luz: "Es un ángel", dijo para sí. Y cuando sus ojos miraron el remate de la fuente no hubo duda. El Ángel de la Fama había vuelto a coronarla, igual que 97 años atrás.
Quien tenía la misma idea era el alcalde Alberto Andrade que había sugerido al Invermet convocar a un concurso para reponer a la deidad. Orrego, que al parecer ya contaba con influencias celestiales, ganó la convocatoria. Vino después la presentación de los estudios y una maqueta del ángel ante el INC que aprobó el proyecto. Hubo necesidad de hacer hasta seis ángeles para llegar al prototipo definitivo en bronce. El ángel pesa aproximadamente 145 kilos, incluyendo las ocho columnas de la base y mide 1.43 metros. TOCA UNA TROMPETA y lleva el escudo de España como su antecesor de 1648.
El Ángel es similar al que el virrey García Sarmiento de Sotomayor, Conde de Salvatierra, mandó forjar junto con la pileta a mediados del Siglo XVII. El diseño original fue de Pedro de Noguera.
En 1900 el entonces alcalde de Lima Federico Elguera ordenó arreglar la plaza, para lo cual hubo que bajar al ángel. Los obreros lo hicieron con tan mala suerte que la estatua cayó. Se habló de restaurarla pero nunca más volvió a volar, quizá por el mito de que era de oro".
Es clara la aproximación de la estatuilla o ÁNGEL DE LA FAMA citado con el Tuturutu. No es extraño, pues, la presencia de un ángel sobre la pila.
Entonces la pregunta es ¿cuándo perdió las alas el Tuturutu? Quizás este cuestionamiento nunca será respondido de manera definitiva.
Para concluir apuntaremos que si usted ha sido observador, se habrá dado cuenta que el brazo izquierdo del Tuturutu era bastante más corto que el derecho. Esto se debe a que en algún momento nuestro personaje, perdió también el antebrazo y una salida rápida para resolver el problema fue pegar la mano (la cual al parecer no se extravió) en el codo de la estatua de bronce. Es lógico pensar que si el Tuturutu perdió parte de una extremidad ¿por qué no con mayor motivo las alas, que por su ubicación en el cuerpo, son más débiles que el antebrazo?
En la última remodelación y entrega que hizo el ex alcalde Guillén, de la pila de la Plaza de Armas, se pudo observar que hoy nuestro Tuturutu muestra un nuevo brazo, lo cual le da un aire diferente, pero definitivamente atractivo. Sea como sea, el famoso personaje siempre será más que un adorno que, quizás como apunta el presente artículo, hasta nombre tiene. Este hombrecito se ha convertido en un símbolo que nos enorgullece a todos los Arequipeños.
EL GIGANTE ATLAS CARGÓ LA BOVEDA CELESTE DE AREQUIPA
En 1918 un nuevo inmueble se inauguró en la esquina de las calles Peral y San José.
El propietario de la fabulosa edificación, Don Leandro A. Espinoza, un conocido empresario y comerciante local, no escatimó en gastos para la inauguración de tan magnífica obra, que ocupaba y hoy ocupa un sexto de la manzana en cuestión.
Este acontecimiento concitó la atención de toda la ciudad, e incluso de periodistas de El Comercio que llegaron a cubrir la noticia y los cuales arribaron en barco desde Lima.
Si bien la edificación, con sus decorados externos e internos, escapaba de los patrones arquitectónicos tradicionales de Arequipa, no por esto se hizo conocida la misma, sino porque en la zona más alta del edificio, se colocó una singular escultura que representaba al gigante Atlas sosteniendo al mundo (según la creencia popular), y al firmamento, según la mitología griega; por lo que con el tiempo se le conoció al lugar como “La casa del mundo” o como “ La esquina del mundo”.
La mencionada escultura al parecer, y según nos cuenta hoy uno de los nietos de Don Leandro, estaba hecha en tamaño natural, probablemente confeccionada en cemento.
Internamente la estatua presentaba una armazón de fierro, lo que se pudo constatar cuando una vez retirada la escultura fue deteriorándose con los años, en un patio de la casa.
Según se dice fue un ingeniero europeo, presumiblemente francés, que trabaja para Gustave Eiffel (el constructor de la famosa torre de París), quien estando en Arequipa contratado, y encargado de otras obras realizadas en la ciudad, fue el que confeccionó los planos del edificio y agregó como parte de la ornamentación exterior, al curioso Atlas. Se dice también que dicho europeo ocupó, por algunos años, la última planta del edificio.
Al margen, es anecdótico rescatar que el gigante Atlas se elevaba a sólo una cuadra de otro grande de la mitología: Neptuno (en la plaza España desde 1921), el Dios de los Mares y de los “Terremotos”.
Como se sabe, en mitología, tanto Neptuno como Atlas fueron adversarios de lucha, en la batalla que mantuvieron los dioses Olímpicos contra los gigantes.
Según cuenta una versión que podría tomarse hoy como parte de las leyendas de la ciudad, se dice que estando celoso el Neptuno de la plaza España, de la tremenda popularidad que la gente le había otorgado al gigante Atlas, decidió propiciar dos terribles terremotos en 1958, y especialmente, el de 1960, el cual terminó por derrotar la supremacía del gigante, quien como ya dijimos, y a causa de las fracturas mortales que recibió, por el terrible sismo, fue finalmente retirado de su lugar.
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