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EL BELLO MOLINO DE SABANDIA

Es uno de los lugares más hermosos que tiene Arequipa. Quienes lo rescataron, casi en ruinas, nos dieron el ejemplo de cómo se debe querer y cuidar, reformar y conservar todas aquellas obras, que formaron y forman parte de nuestra historia. Este molino , que actualmente pareciera detenido en el tiempo, data de 1621, fecha comprobada pues cuando se iniciaron los trabajos de remodelación, se encontró el acta de construcción. Hace 40 años más que el molino fue abandonado.

El Banco Hipotecario lo tomó a su cargo, lo compró y encargó su reparación a un arquitecto, quien lo restauró y en el año 1973, quedó terminado.

El arreglo de Sabandía tomó casi 2 años y el arquitecto que arduamente se dedicó a esta empresa fue Luis Felipe Calle. Por esas cosas del destino, cuando los trabajos del molino quedaron concluidos, el Banco Hipotecario puso a la venta este edificio pero no se presentaron compradores. Posiblemente por el amor y dedicación con que se entregó el arquitecto Calle a los trabajos, el Banco hizo que él asuma personalmente la dirección del molino, convirtiéndose en su nuevo. dueño.

Ingresar al Molino de Sabandía, tanto para peruanos como extranjeros y estudiantes cuesta lo mismo, y las visitas pueden hacerse de domingo a domingo, incluyendo feriados. El tiempo que se demora uno en conocer los ambientes del molino, probablemente no duren más allá de 20 minutos, pero lo más seguro, es que el visitante se demore más tiempo al contemplar la belleza de su paisaje.

El primer propietario que tuvo el molino, fue Don García de Vargas Machucha y el maestro de arquitectura fue entonces don Francisco Flores, quien además construyó otros tres molinos idénticos a éste en Sabandía, de los cuales queda uno cerca al Hotel del turistas. Aquel molino se arregló y fue primero un hotel, luego pasó a ser restaurante, hasta quedar finalmente como vivienda de su actual dueño.

Sabandía, aparte de los valioso por su antigüedad, por el trabajo de su reconstrucción, es una muestra viviente del tipo de edificación que se hacía en Arequipa, donde se usaba una arquitectura simple, rural.

Sus muros no terminan sino que continúan hasta formar el techo al igual que las construcciones de muchas iglesias, o claustros como el de Santa Catalina.

Con suerte, durante la visita al molino, se podrá ver llegar a campesinos que jalan o montan, como se hacía antiguamente, sus burros o mulas cargados con sacos de trigo, cebada, maíz y usan las instalaciones del molino para molerlos. Estos campesinos pagan un importe por el uso del molino que tiene ya 374 años trabajando. Hoy como en otras épocas el sistema es el mismo, se muelen 800 kgs. por día durante 8 horas diarias.

La calidad que se quiera conseguir en el triturado de los granos, depende de cómo regulen las piedras, según suban o bajen. Estas piedras que reciben el nombre de voladoras, deben sacarse cada cierto tiempo y limpiarse con cincel.

De éste no sólo romántico, sino útil edificio, la escalera y las dos salidas de agua, son la base de cómo fue anteriormente, de la reconstrucción son lo único que no fue tocado, además forman la fachada del local.

El molino adquiere vida gracias a un manantial cuyo servicio, si es no usado, se reintegra al canal que lo transporta, para seguir su curso. El Molino de Sabandía, descansa actualmente sobre un área total de 8 topos (casi 30,000 metros cuadrados).

 

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